Que un ministro se lleve a una acompañante a los viajes oficiales, que estuviera colocada en una empresa pública del Ministerio al frente del cual estaba el titular de ese departamento, es la expresión máxima de la degeneración de un ejecutivo. Y no puede decirse que Ábalos, que ya ha reconocido que Jesica le acompañaba a sus viajes como ministro, sea el único sobre el que debe caer la responsabilidad. Son todos, todos lo sabían porque era imposible desconocerlo. El primero de ellos Sánchez, el que va dando lecciones de decencia desde que llamó indecente a Rajoy. Pero, ahora, el caso Ábalos le ha estallado en la cara, porque el ex ministro de Transportes, cada vez más acorralado tras la auditoria de Puente, es decir, tras la traición de Sánchez, que es quien está detrás de la auditoría obviamente para cerrar el caso Koldo en su ex brazo derecho, va a sacar todo sobre la ciénaga. Y lo hará mientras dice que no lo hace, por detrás, con con exclusivas que irán saliendo desde los medios elegidos por el ex ministro. Esto sí que va a ser un drama para quien está agarrado a un maduro en pleno naufragio del entrecomillas gobierno de progreso salido del 23 J.

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