Puigdemont ha sentenciado a Pedro Sánchez. Tras el verano celebrará un Congreso en el que el prófugo quiere reforzarse y plantear el momento en el que hay que tumbar al sátrapa de Moncloa que, realmente, no ha dejado otra opción al fugado. Y es que si Illa y Esquerra de la mano logran sus pretensiones de declarar a Cataluña como nación en el espacio público que es España, logrando culminar el golpe con la entrega de la Justicia y las selecciones nacionales deportivas tras la entrega de la Hacienda, Cataluña será una nación absolutamente independiente de ese espacio público al que pisoteará y mangoneará cuando y como quiera con sus escaños sobrevalorados. De hecho, el gobern de la Generalitat ya ha echado a la guardia civil del mar. Es decir, no queda nada para que culmine el golpe contra la nación española, una traición histórica que los españoles debemos parar como sea. Insisto como sea. Con las instituciones que aún estén sin colonizar o sin ellas. Porque en juego está nuestro futuro y el de nuestros hijos. Sin embargo, hoy, los intereses de España paradójicamente coinciden con los de Puigdemont. El fugado sabe perfectamente que si Illa y ERC logran sus objetivos, ese gobierno de izquierda separatista se perpetuará condenando a Junts a ser un mero outsider de la política catalana. Puigdemont ni lo puede consentir, ni lo va a consentir.

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